Inflación: costos y prejuicios

El Gobierno cree que una marcha atrás destinada a rectificar el rumbo implicaría una grave derrota política. Pero no toma en cuenta que un costo mucho mayor tendrá que afrontar si no resuelve de manera efectiva la espiral ascendente de precios a los que ningún aumento de salarios podrá alcanzar. Y esto no es pensar en forma negativa sobre nuestro futuro inmediato, sino pensar en forma realista.

Si existiera un procedimiento para aumentar indefinidamente los salarios manteniendo congelados los precios sin consecuencias secundarias sobre la producción y la inversión, el sistema ya habría sido puesto en práctica hace mucho tiempo en casi todo el mundo. Más aún, la única posibilidad de alcanzar una estabilidad razonable que no deteriore el poder adquisitivo de los salarios durante un tiempo prudencial es a partir de un acuerdo en el que explícitamente se reconoce el problema y se encara un plan integral en el cual todas las partes aceptan renunciar a aquellas acciones que promueven de manera directa o indirecta un aumento en los precios por arriba de los que resulten necesarios en la etapa inicial destinada a reestablecer el equilibrio de los precios relativos.

El camino explícito tendiente a recomponer el necesario equilibrio en los precios relativos fundamentales de la economía constituye un requisito insoslayable para torcer el rumbo de la inercia inflacionaria y sus expectativas. Este proceso puede ser llevado a cabo sin un grave costo social ni aumentando el nivel de desocupación si se procede tomando las medidas adecuadas en los momentos oportunos. Requiere, eso sí, renunciar a ciertas actitudes que no benefician el proceso de convergencia al que deben someterse los actores que tendrán que soportar el mayor peso en su adecuación al nuevo escenario.

El obstáculo mayor que parece existir para restablecer un proceso de crecimiento sostenible aparece hoy escondido detrás del prejuicio ideológico y los intereses económicos que se benefician con la suba de la inflación, la creciente dependencia de la importación de energía y el aprovechamiento de los precios relativos distorsionados. No advertirlo conducirá a profundizar la brecha de la inequidad económica abierta en el pasado como consecuencia de haber elegido un camino equivocado.