Las inversiones y la inflación, una perspectiva cotidiana.

Desde el 2005 en adelante, la inflación fue lentamente convirtiéndose en un problema cotidiano de los argentinos provocando la real sensación de que sus ingresos compran cada vez menos bienes. Cuando ésta alcanzó valores de dos cifras, todos los ciudadanos comenzaron a preguntarse “¿Qué hago para cuidar mis ahorros?”.

En situaciones normales, el plazo fijo se constituye en la primera herramienta, pero cuando el nivel de precios sube a una tasa mayor que el interés que éste paga, deja de ser una posibilidad viable. Ya en 2005, la inflación anual era del 10%, (registro del INDEC) mientras que el depósito a plazo rendía en promedio el 4%, es decir, aun dejando los fondos inmovilizados todo el año, los mismos perdían aproximadamente un 6% de su poder de compra al cabo del mismo.

Por otro lado, ante la primera sensación de inestabilidad económica, es tradición argentina refugiarse en una moneda fuerte, generalmente, el dólar. Sin embargo, tal como ocurre en la actualidad, al estar la tasa de devaluación de la moneda administrada por el Banco Central que dispone relativamente de abundantes divisas, la misma también resulta muy inferior a la de la inflación (desde la salida de la convertibilidad, el dólar ha fluctuado aproximadamente entre un valor de $3 y $4, mientras que la segunda lleva varios años de elevado crecimiento).

Otras alternativas como el MERVAL o los fideicomisos financieros, presentan rendimientos más aceptables, que en algunas ocasiones logran hasta sobrepasar la inflación, pero la poca habitualidad de los ciudadanos con su funcionamiento lleva a que la mayoría de éstos los consideren fuera de sus posibilidades.

Por su parte, entre los activos reales se puede pensar en al menos tres posibilidades, los electrodomésticos, los automóviles y los inmobiliarios (terrenos tanto rurales como urbanos y edificaciones). En cuanto a los primeros, está demostrado que solo constituyen una sensación ficticia de resguardo, dado que el sumamente elevado progreso tecnológico genera un recambio constante de los mismos, haciendo que los antiguos pierdan rápidamente su valor debido a la obsolescencia. Concerniendo a los vehículos, es sabido que sufren una considerable disminución de su valor en el instante que abandonan la concesionaria.

En lo que a los inmuebles respecta, numerosos registros históricos confirman que aun en los procesos hiperinflacionarios de mediados y fines de los ’80, estos mantuvieron en gran medida el valor del capital en ellos resguardados. Por ejemplo, en el año 1984, cuando la inflación alcanzó un crecimiento anual aproximado al 630%, el valor de los inmuebles medido en moneda local lo hizo en un 595% (registro de Gimenez Zapiola). Sin embargo, según el Instituto de Estadísticas y Registros de la Industria de la Construcción (IERIC), el valor de los inmuebles en la zona céntrica de la ciudad de Córdoba, se ha mantenido estancado entre los U$S 1100 y U$S 1600 (como valor mínimo y máximo respectivamente) desde Mayo del 2009 en adelante. Entonces, si su valor en dólares permanece inamovible y como se mencionó con anterioridad, el dólar no representa actualmente un medio de protección efectivo contra la inflación, resulta que las edificaciones tampoco. Vale aclarar que no toda propiedad se rige bajo estos términos, siendo de vital importancia en este sentido: la ubicación de la misma (si se trata de una zona que continuará desarrollándose, ésta seguramente continuará revaluándose), los materiales utilizados en su construcción, la trayectoria de la empresa constructora (como garantía de calidad y entrega) y la facilidad de tramitación de la escritura, entre otras cuestiones.

Por su parte, cuando de inversión en tierras se habla, aquellas realizadas en zonas urbanas se rigen mayoritariamente, por los mismos principios que las edificaciones y se valorizan de acuerdo al nivel de desarrollo alcanzado por la zona donde se encuentran ubicadas.

Finalmente, las inversiones en tierras rurales parecen tener un alto grado de rendimiento, fundamentado en el alto precio de los granos como la soja, el maíz, sorgo, trigo, etc. o la revalorización de las actividades ganaderas, según sea el caso. Más allá de ciertas idas y venidas en torno al precio de la soja y los demás granos, su tendencia ascendente parece haber acarreado consigo el valor de la tierra. El inconveniente, en este caso, reside en que los volúmenes de dinero a transar, escapan de las posibilidades del ciudadano promedio.

En resumen, existen alternativas para vencer a la inflación, algunos títulos y/o carteras del MERVAL, algunas propiedades inmobiliarias urbanas y rurales y numerosas actividades empresarias entre otras son prueba del ello. Sin embargo, los medios de resguardo ya no son tan sencillos como solían serlo, los plazos fijos y el dólar son inservibles, mientras que el resguardo histórico, el inmueble, ha perdido su generalizado poder de fuego, dado el contexto económico y social que transcurre la Argentina. Sólo algunas propiedades tienen potencial y para dilucidarlas es necesario un buen conocimiento del negocio. Por otro lado, los vaivenes del mundo y locales hacen difícil de predecir el comportamiento de los títulos valores aunque no imposible y a pesar de la difícultad de apropiarla, la renta de las propiedades rurales están al alcance de fideicomisos de siembra, así como de otras razones jurídicas no del todo familiarizadas por los ahorristas. Es responsabilidad de éstos preocuparse por la inflación, buscar asesorarse constantemente sobre distintas alternativas, indagar en aquellas propuestas que por desconocerlas les atemorizan y/o las rechazan. Los ahorros son difíciles de salvaguardar sin duda, pero la inflación sigue siendo superable.

Por Lic. Eduardo Crivello, Economista Senior, RONIN Consultant SA.